Parte II
En el artículo anterior explicamos, a grandes pinceladas, la importancia de adquirir una inteligencia emocional para el desarrollo de nuestras vidas. Ahora explicaremos cada uno de sus componentes.
– Reconocimiento propio: Nuestros días han obligado al hombre a vivir escondiendo, resguardando o fingiendo su verdadera naturaleza, razón por la que olvida quién es. El reconocernos, tal cual somos, es un acto de honestidad y de contrición que nos lleva a vernos en introspectiva y exhaustivamente, nos abre a una sincera visión de las dependencias y subordinaciones o, en su efecto, a los vasallajes con respecto a alguien en particular o situaciones varias a las que nos vemos sometidos por ignorancia.
– Regulación propia: Es la capacidad de manejar las emociones de forma apropiada. Requiere tomar conciencia de la relación entre emoción, cognición y comportamiento; así como tener buenas estrategias para poder enfrentar complejos retos con los propios recursos emocionales, adaptados a cada situación.
– Motivación: Se refiere a la manera de continuar motivado por algo que nos gusta o que necesitamos, sin dejar que nos afecte la manera en que la gente nos ve o reconoce nuestros esfuerzos. Es un estado interno que activa, dirige y mantiene nuestra conducta en una recta que somos capaces de recorrer porque es lo que nos impulsa a seguir adelante.
– Empatía por los demás: A través de esta nos hacemos capaces de ponernos en el lugar del otro y reconocer que, al igual que nosotros, los demás tienen sus propias complicaciones y formas de ver de acuerdo a su contexto personal. Tener empatía por los demás es de suma importancia, con ella nuestras relaciones interpersonales se hacen llevaderas y nuestras vidas sociales, de las que no podemos prescindir, se vuelven a nuestro favor en cuanto a identificarnos con el otro; pues nunca se es más feliz cuando se vive sirviendo fuera de sí y desde sí mismo.
– Habilidades sociales: Tener una sana inteligencia emocional requiere del desarrollo de un conjunto de conductas aprendidas de forma natural, que se manifiesten en situaciones interpersonales socialmente aceptadas. Estas constituyen, de forma apropiada y necesaria, la forma en que podemos convivir con quienes nos rodean y, por lo tanto, nos ayudan a mantenernos equilibrados frente a sus reacciones. Por eso es de tanta importancia el autocontrol y el reconocer el contexto sociocultural en el que nos desenvolvemos, solo así es posible actuar asertivamente.
Es importante conocer qué nos proporciona este tipo de inteligencia. Poder saber claramente cómo actuar de forma precisa según nuestros intereses, en cada situación o ambiente que podamos afrontar es ya un gran paso.
En los últimos quince años, una rama de la economía que ha tenido gran impacto a nivel mundial es la Economía Conductual, que se fundamenta en la aplicación de la investigación científica en las tendencias cognitivas, emocionales, humanas y sociales para que haya una mejor comprensión en la toma de decisiones económicas.
Nace de la insatisfacción de algunos economistas con la forma en que se estaban abordando, desde la economía, problemas referentes al comportamiento económico del hombre y la explicación que la economía daba a estos comportamientos. Daniel Kahneman, psicólogo estadounidense e israelí, fue el pionero de esta idea de la ciencia cognitiva.
Su principal contribución junto con Amos Tversky, psicólogo israelí, fue la teoría de las perspectivas en la que se describía cómo las personas tomaban sus decisiones en situaciones en las que debían decidir entre alternativas que involucran riesgo. Partiendo de evidencia empírica, la teoría explica la forma en que los individuos evalúan las pérdidas o ganancias de un negocio. El doctor Kahneman, siendo un psicólogo, fue merecedor del Premio Nobel de Economía en el 2002, no así Tversky, pues había fallecido varios años antes.
Más adelante estas teorías sirvieron de base a la conceptualización de la inteligencia Emocional.
Investigadora asociada: Andrea B. Taveras Pichardo.
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